Como todos, supongo, también tuve una vecina a quien junto a mi grupo de amigos del barrio sospechábamos bruja. Vivía sola, salía poco, la acompañaba siempre una mirada entre colérica y abatida, hablaba lo justo y necesario. Aún hoy recuerdo con un poco de pena y remordimiento el vértigo y la excitación que me producía jugar al ring raje con su portero. Una tarde, en los márgenes de la canchita de fútbol, se nos presentó su nieto, que había ido a visitarla. Lo saludamos con algo de menosprecio y no lo invitamos a jugar. Lo incluimos, sí, en la posterior ronda de Coca Cola, para tener un aporte económico extra. Buen pibe, normal, pero nunca se integró del todo en las sucesivas veces que aparecía de visita y ninguno se animó jamás a confesarle las conjeturas que hicimos en torno a su abuela.
Muchos años más tarde nos volvimos a cruzar, cuando vino a mi local a comprar varios paquetes de hojas A4. Lo reconocí, estaba bastante parecido. Soy pésimo para los nombres, pero lo compenso con cierta habilidad para la memoria visual. Me presenté y le pregunté si se acordaba de mí. Él conservaba una imagen vaga y confusa de nosotros, como retazos somnolientos. Le consulté si alguna que otra vez regresaba al barrio y me dijo que sí, que en la casa de su abuela ahora vivía su madre y que él la visitaba periódicamente con sus hijos. Le daba un poco de lástima la actualidad del barrio, la violenta transformación de sus espacios, repletos de edificaciones graníticas y negocios de decoración. “Como que se perdió la mística del lugar”, dijo en un momento.
Muchos años más tarde nos volvimos a cruzar, cuando vino a mi local a comprar varios paquetes de hojas A4. Lo reconocí, estaba bastante parecido. Soy pésimo para los nombres, pero lo compenso con cierta habilidad para la memoria visual. Me presenté y le pregunté si se acordaba de mí. Él conservaba una imagen vaga y confusa de nosotros, como retazos somnolientos. Le consulté si alguna que otra vez regresaba al barrio y me dijo que sí, que en la casa de su abuela ahora vivía su madre y que él la visitaba periódicamente con sus hijos. Le daba un poco de lástima la actualidad del barrio, la violenta transformación de sus espacios, repletos de edificaciones graníticas y negocios de decoración. “Como que se perdió la mística del lugar”, dijo en un momento.

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